Mensajes ||Homenajes | Museo | Debate | Invitados | Noticias |Catálogo Rimado | Los Orígenes |Libros |Lecturas |Improvisación |Inicio

COMENTARIOS POR SABIO JESÚS

Mariana Enriqueta Pérez Pérez

Banderillero del día
se pone el verano un traje
de luces, y mi paisaje
se viste de Andalucía.
Yo, niño en la gradería,
coreo un ¡olé! que truena,
cuando el ruedo —luna llena
vestida de plata y oro—
deslumbra con negro toro,
roja capa y blanca arena.2
Ceiba —columna del viento—,
sobre tus gruesas raíces
caminantes infelices
tomaban sombra y asiento.
A la leyenda y al cuento
diste tus brujos encantos,
refugio de los encantos
de una virgen perseguida
y abuela que dio a mi vida
la merienda de los santos.3
La casa de piedra y tejas
era como gran señora
sobre el otero: pastora
principal de las ovejas.
Abajo, con suaves quejas
suspiraba el arroyuelo;
y yo —pastor pequeñuelo
al pie de una cañabrava—
creía que terminaba
detrás de la loma el cielo.4

fidel_antonio_orta

El hijo de Jesús Orta Ruiz felicita a un niño del Taller «Leoncio Yanes», que dirigiera la promotora Mina Bello en la Casa de Cultura «Juan Marinello» de Santa Clara (lamentablemente desaparecido)

«Vaya idea de los padres de Naborí de ponerle por nombre de pila
una pila de nombres.  Entre ellos, los dos primeros son Sabio Jesús.
Doy fe de que esos señores no se equivocaron y que Jesús Orta Ruiz
mereció este apelativo, y que era asimismo un hombre sabio.»
Virgilio López Lemus, «El Indio Naborí en privado»,
en Decimacontexto, Cuba Ala Décima, 12 de nov., 2008.

El pasado 30 de septiembre se cumplieron noventa años del día en que nació, en la finca Los Zapotes, a pocos pasos de una plaza de toros, quien sería después «El Indio Naborí», Jesús Orta Ruiz, hijo de María y Eduardo —vaya casualidad, igual que mis abuelos paternos—. Hoy el lugar donde nació pertenece al reparto Juanelo, municipio San Miguel del Padrón, La Habana.
Dicen que la plaza de toros «Los Zapotes» fue para Jesús y sus hermanos «un espacio fascinante», donde trabajaba su padre y ellos se familiarizaban con la tauromaquia.1 De esas vivencias, escribió en 1940 una décima.

Doreya y Caridad cuentan también cómo la infancia de Jesús transcurrió en correrías por su barrio y baños en el río; junto a su casa había una ceiba y él jugaba a su sombra. A ella dedica la décima que titulara «Abuela».

Sabio Jesús Orta Ruiz fue pastor de ovejas; pareciera que ese trabajo permite echar a volar la imaginación de algunos niños que luego serán grandes poetas —también fue pastor Miguel Hernández, ¿y cuántos más?—, e igualmente servir de tema para la literatura bucólica, como en Garcilaso de la Vega. Y seguramente en Garcilaso se inspiró Jesús Orta para su «Égloga breve».

En este breve recordatorio de la infancia de Jesús Orta Ruiz queda plasmado cómo fue formándose la sensibilidad de quien no quiso nombrarse «Cacique» para, humildemente, hacerse llamar «Indio». Él, como tantos otros de su tiempo que comenzaron siendo cantores populares, crecidos en las canturías y guateques, fue superándose a fuerza de tenacidad, hasta llegar a ser el gran poeta y periodista, que obtuvo  —bastante tarde y con muchos reveses— el merecido Premio Nacional de Literatura en 1995.

Guardo, muy especialmente, algunos recuerdos relacionados con El Indio Naborí. Uno fue recibir de sus manos el premio de poesía, del que fuera jurado, «15 de Julio» en 1978 —el primero que obtuve en mi vida— consistente en un libro dedicado por él. El otro momento ocurrió durante la Jornada Cucalambeana de 2005, yo me acerqué a hablarle, previa identificación —recordar su falta de vista—,  y él me atendió con mucho cariño, hasta me dio una noticia de Villa Clara que yo aún desconocía por estar en Las Tunas; le comenté que yo había escrito junto con mi padre un decimario y me pidió que se lo diera para ofrecerme su opinión (nunca pude recuperar esa copia porque falleció unos meses después). Asimismo, el 22 de febrero de 2005, en la Sala Interactiva de la Feria del Libro, presentamos una multimedia, dedicada a él, con la participación de su hijo Fidel Antonio Orta y de Virgilio López Lemus; ante una sala llena actuaron los poetas, el conjunto «Voces y cuerdas de mi Cocodrilo Verde», así como niños de los talleres de repentistas y literario.

Y como de Naborí se ha escrito mucho (incluso sus detractores hablan de él), no es necesario continuar con un recuento que se haría tedioso. Mejor es leer una selección de sus décimas, en los diferentes temas que trató su poesía: De la controversia del siglo: «El amor» (p. 33) y «La muerte» (p. 44); Elegías: «La fuga del ángel» (p. 15-16); del libro Con tus ojos míos (1994): «Madrigal de la neblina» (p. 13).

REFERENCIAS

1 Véliz Real, Doreya [y] Juana Caridad Fernández Pérez, Los misterios de Naborí, Ediciones Extramuros, La Habana, 2004, pp. 17-20.

2 Ibid., p.19-20.

3 Ibid., p. 24-25.

4 Ibid.,  p. 30.

©2008 Mariana Pérez y Museo de Artes Decorativas. Santa Clara. Villa Clara. Cuba. Contactos Museo: Tel. (53) (42) 20 5368