SERGIO, SIN ABEJAS

  Por: Mariana Enriqueta Pérez Pérez

Disfruto mucho del sabor añejo (léase: de calidad superior), propio de la poesía que perdura por su natural saber, en la obra de este joven que –¡a los dieciséis años!– escribiera un libro cuyas excelencias y profundidades sorprenden al lector. Autorretrato sin abejas (2003) era ya, a esa tempranísima edad, un libro maduro; y maduro, mucho más, será El afilador de tijeras, de próxima aparición, ambos bajo el sello editorial Sed de Belleza.

Los galardones obtenidos le acreditan un quehacer poético acendrado, no sólo en el versolibrismo –típico de la poesía joven– sino también, y tal vez más, en las formas clásicas de la poesía medida y rimada, como el soneto, el romance y, naturalmente, la décima.

En su poesía trasciende la cultura cristiana, sin misticismo; hay en ella una vena humanista que tiene puntos de contacto, aunque él mismo no lo advierta, con la obra de Carlos Galindo Lena –por citar un ejemplo cercano en el tiempo y el espacio–, pero también con la obra de los más valiosos representantes del Siglo de Oro y con la poesía en lengua castellana de todos los tiempos. Sin embargo, no puede afirmarse que Sergio García Zamora «imite» a esos poetas; por lo contrario, el conocimiento de aquellos le permite actualizar su discurso que, por suerte –valga decirlo– se aleja de las corrientes «críticas» a ultranza, las cuales suponen un reflejo «realista» de la vida nacional, en detrimento de valores poéticos reconocidos. La poesía de este joven autor es sencilla pero no simplista, la amparan buenas y asimiladas lecturas; hay en ella un matiz reflexivo que aporta conocimiento, a la vez que cultiva en el lector valores estéticos porque se encuentra bellamente escrita.

En la nota de contracubierta de Autorretrato sin abejas , el reconocido escritor Yamil Díaz Gómez, quien realizó la corrección, sintetiza atinadamente:

Sin estridencias ni alardes metafóricos entra Sergio García en la literatura cubana. Su carta de presentación – Autorretrato sin abejas– da fe de un temprano oficio tanto en la décima como en el verso libre, y de esa armónica alternancia entre sentimiento y reflexión, las dos posturas básicas de su escritura. El poeta regresa al diálogo del hombre con Dios, revestimiento literario del monólogo de un ser humano particular cuando se enfrenta a su destino. Pero lo deslumbrante de su autorretrato está en que quien pregunta con candidez de adolescente, se responde a sí mismo como dueño y señor de largos siglos de sabiduría.

No sería oportuno ahora, después de esta caracterización, intentar un desmenuzamiento de cada uno de los seis poemas en décima que componen el libro, pero sí, al menos, debo citar sus títulos y apuntar algunas generalidades. En la primera, «Lamento», se emplean como recursos la interrogación (a Dios) y la anáfora; el cierre, todavía preguntando, guarda cierta similitud con el ovillejo; usa igual rima en los versos 2 y 3. «Ecce Homo» es una espinela donde reflexiona con Cristo. «Oración del balsero» –única alusión directa a los acontecimientos nacionales– se compone de cuatro décimas espinelas perfectas, que llevan como exergo dos versos de Alexis Díaz Pimienta: Sostenme balsa bendita / sobre mi propia esperanza; es una muestra de la mejor décima popular, centrada en la devoción ingenua y el ruego a la Virgen, para cerrar con una imagen de alto contenido poético y visual: Dios es un niño que juega / con barquitos en el agua . «Balada en los muelles» , y «Esperanza» son espinelas más visionarias y personalizadas; en ellas aparece nuevamente la duda que es, al mismo tiempo, deseo. Por último, «Como una gaviota herida» , es una peculiar glosa a la madre, en dos estrofas, sobre la redondilla del poeta Joaquín Díaz-Marrero que expresa: Allí sin pompas ni galas / hay una cruz erigida / como una gaviota herida / que tiene abiertas las alas ; con los dos primeros versos abre la primera décima y con los dos últimos cierra la segunda. En general, las décimas de este libro muestran un cuidado oficio versificador, y no se descubre descuido técnico alguno.

El afilador de tijeras, cuando vea la luz, será presentado como merece, pero haremos una anticipación, por cuanto significa un escalón superior en la obra de nuestro invitado. Consta –hasta ahora– de cinco secciones muy bien definidas en su contenido y forma. La I está escrita en verso libre y se dedica a entidades, humanas y no humanas, que la literatura ha convertido en clásicos universales, como: el afilador de tijeras, los álamos, el mago, el peregrino y los labradores. La II está escrita en sonetos –todos de excelente factura– cuyos motivos principales se dan a través de la comunicación con importantes poetas españoles: Juan Ruiz, Miguel de Unamuno, San Juan de la Cruz, el Marqués de Santillana, Cervantes (Don Quijote), así como el cubano Gastón Baquero. La III se dedica a la décima (9 poemas) –de la que hablaré después– y al romance (3 poemas). En la IV retoma el soneto, con la particularidad de que los temas se dirigen a personajes que sufren o producen sufrimiento: la bordadora, la lavandera, la niña muerta, el cobarde, el enemigo, el desesperado y la cólera, a través de referencias bíblicas y también la vuelta al poeta Gastón Baquero. La V fue destinada a la prosa poética reflexiva y conlleva un mayor acercamiento a los temas bíblicos.

De la décima en El afilador de tijeras hay que decir, en primer término, que se encuentra muy bien elaborada desde el punto de vista formal. En el aspecto ideo-temático, continúan apareciendo esos personajes-tipo, privilegiados por la literatura universal, que refieren determinadas posturas ante la vida, y que Sergio García Zamora ha sabido actualizar, aunque no tanto como para que se pierda el sabor de añeja elegancia y sabiduría. Así, encontraremos a: «El ciego» (con referencias a Borges y Milton); «El amenazado» (una fauna salvaje que le acecha); «Arte poética» (el autor demuestra, sin pedantería, la solidez de sus estudios literarios); «El poeta»; «El pintor» (Vincent Van Gogh); «El ladrón»; «El jugador»; «El labriego» (oración para el advenimiento de la lluvia, con una cita de Jorge Manrique, donde se advierte la recurrencia de García Zamora al tema de la tierra); «El perdido» (reitera el diálogo con Dios, el ruego por la salvación).

De todos esos textos pueden extraerse imágenes hermosas y profundas, pero no debo citarlas, es mejor que se descubran a través de la lectura, única vía para el perfecto disfrute de la buena poesía.

Aquí está Sergio García Zamora, un joven que sabe, desde la adolescencia, cómo fabricar miel sin abejas, y cómo mantener afiladas las tijeras para cortar los males causados por el hombre.

Santa Clara, 14 de abril de 2010

SÍNTESIS BIBLIOGRÁFICA

ACTIVA

«El poeta en la calzada» [soneto], en Verbiclara , Categoría: Poesía villaclareña, 22 jul. 2009. http://verbiclara.nireblog.com/post/2009/07/22/el-poeta-en-la-calzada-sergio-garcia-zamora

«El tigre», en Arístides Vega Chapú, «Los quince años y el recién finalizado encuentro en Ciego», en Cubaliteraria, Ámbito Literario. http://www.cubaliteraria.cu/articulo.php?idarticulo=8096&idseccion=30
Contiene: El tigre/ El gallo/ Los cerdos.

«Poesía», en La Jiribilla, año 8, 2010, La Habana. http://www.lajiribilla.co.cu/2010/n458_02/458_130.html
Primer Premio en el Concurso Territorial «Zenón Rodríguez» 2007, Cumanayagua.
Contiene: Pájaro/ Gato/ Cuervo/ Grulla/ Cerdos.

«Sergio García Zamora: poemas», copiado de La Jiribilla , en La Unidad Morelos, enero 2010, Jojutla (Morelos, México). http://launidadmorelos.blogspot.com/2010/01/sergio-garcia-zamora-poemas.html

PASIVA

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CARBALLOSA, RAFAEL, «Entregados los premios Mangle Rojo», en Caleta del Sur , Uneac, Isla de la Juventud. http://coordenadaperfecta.blogspot.com

LAY FABREGAT, YANDREY, «El misterio de la paloma calcinada de Sergio García» [entrevista], en Verbiclara , Categoría: Poesía villaclareña, 22 jul. 2009, Santa Clara. http://verbiclara.nireblog.com/post/2009/07/22/el-misterio-de-la-paloma-calcinada-de-sergio-garcia

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«Sergio García Zamora en La décima es un árbol», en Verbiclara , 13 abril 2010, Santa Clara. http://verbiclara.nireblog.com

VEGA CHAPÚ, ARÍSTIDES, «Los quince años y el recién finalizado encuentro en Ciego», en Cubaliteraria , Ámbito Literario, La Habana. http://www.cubaliteraria.com/delacuba/resultado.php?s_seccion=30 Contiene: El tigre/ El gallo/ Los cerdos.

DÉCIMAS

LAMENTO

¿De qué me sirven los ojos,
la boca de qué me sirve?
Responde, Dios, de qué sirve
escribir sin los cerrojos,
guardar los oídos rojos
de palabras de un testigo,
ser fiel en lo que predigo,
tener abiertos los labios
si como tres monos sabios
NO VEO, NO OIGO, NO DIGO?

INVITADOS (22 )

SERGIO GARCÍA ZAMORA

Foto: Cristyan González Alfonso, tomada de: Blog Verbiclara

FICHA CURRICULAR

Sergio García Zamora (Esperanza, Villa Clara, 1986). Poeta. Estudiante de Filología en la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas. Pertenece, a la AHS. A escasa edad comenzó a obtener reconocimientos, como el premio de poesía en el primer Encuentro Debate Nacional de niños escritores y el premio especial de La Casa de la Poesía de la Oficina del Historiador de La Habana. Más tarde fue galardonado en los concursos: «Ramón Roa Gari» en Décima (Cifuentes) y «Zenón Rodríguez» 2007 (Cumanayagua). En el 2009 obtuvo los premios: «Antonio Hernández Pérez» (Caibarién), «Poesía de Primavera» en los Juegos Florales de Ciego de Ávila, «Mangle Rojo» (Isla de la Juventud), Mención en el Concurso «Hermanos Loynaz» (Pinar del Río) y el Premio «Calendario» en Poesía, de la Asociación Hermanos Saíz. Poemas suyos han sido publicados en revistas de Puerto Rico y Guatemala, así como en publicaciones nacionales. En el 2003 Ediciones Sed de Belleza, editó su poemario Autorretrato sin abejas. Tiene en proceso editorial El afilador de tijeras y otros.

Miguel Barnet, Presidente de la UNEAC, entrega el Premio
«Calendario» de Poesía 2009 a Sergio García Zamora.
Imagen tomada de Granma

«Ser quien eres». A propósito de El Afilador de tijeras (Conversando con Sergio García Zamora), mayo de 2011: página 2

DÉCIMAS

ARTE POÉTICA

Aceptar que eres un ciego
a quien otro ciego guía
y que tu afán y agonía
son sólo un cándido juego.
Pensar como el docto griego
que también lo bello es útil
y ver con pasión inútil
el signo de la escritura
en Cristo y su vestidura
humilde, blanca, inconsútil.

Ver en Heráclito el río,
cuyo fluir es eterno,
en Dante todo el Infierno
y toda Persia en Darío.
Ver en tu fin, desafío,
y en cada principio un fin.
Ver en la rosa el jardín,
en la belleza, tu podio
y los rebaños del odio
en el puño de Caín.

Ser quien eres, cual pedía
Píndaro, poeta sabio,
aunque no pueda tu labio
sellar la noche y el día.
Vivir hecho cima umbría,
único y sereno y triste.
Pedir para ti que fuiste,
olvido por haber sido
y nada más que el olvido
porque nada más existe.

EL PINTOR

Ni el camino y los cipreses
ni la noche con su arcano
ni el vasto amor del hermano
ni los campos y las mieses.
No valen gestos corteses
ni la amistad y sus ritos;
ninguno de aquellos mitos
podrán devolver tu calma.
Los suicidas tienen alma
de girasoles marchitos.

 

EL LABRIEGO

Señor, tú que eres piadoso
y conoces la fatiga
de quien recoge la espiga
en el día de reposo,
¿por qué me niegas el gozo
de admirar como diluvias
sobre las cosechas rubias
el milagro necesario
de desgranar el rosario
memorable de las lluvias?

No permitas que me lleve
a tu morada esta sombra
pues ya la noche me nombra
con sus racimos de nieve.
En mi dolor hazme leve
como cáscara de pan
y déjame ser Adán
soñado, la forma acerba,
el soplo, el fango, la hierba
que crece sin alto afán.

He visto el lirio y la malva
y el trigo de mi heredad
y la dulce majestad
de los ciervos en el alba.
Pero ninguno me salva,
ni la ley ni el puro azar
que han dispuesto mi vagar
por los campos labrantíos.
Nuestras vidas son los ríos
que no llegan a la mar.

ORACIÓN DEL BALSERO

Sostenme balsa bendita
sobre mi propia esperanza.

ALEXIS DÍAZ PIMIENTA

Me voy. Se quedan mis hijos
gimiendo tras las cortinas.
Soy el chisme. Las vecinas
aprietan los crucifijos.
Me voy con los ojos fijos
en lo que nunca seremos,
mis brazos ya son dos remos;
reza mi madre en el alba.
¡Oh, Virgen, nadie nos salva!
Quién sabe si llegaremos.

Los ángeles aparecen,
hacen sonar las trompetas,
son los únicos profetas
con salvavidas, fenecen;
son luces que resplandecen
bogando en pos de nosotros.
Las olas se vuelven potros
de espuma, frágil sabana.
Adiós muros de La Habana,
donde el mar cuelga a los otros.

Callo. Se agita la sombra
del mar -los oscuros pliegos-.
¡Santo Cristo! Estamos ciegos
y sólo el viento nos nombra.
Callo. La noche me asombra
con su silencio -latido-.
No queda sino el gemido
feroz de la eternidad...
rezos, cantos, levedad
del paraíso perdido.

Sálvanos, Virgen bendita,
porque una cruz en la sien
es nuestro boleto. Ven,
calla a esa mujer que grita.
Guarda a la madre marchita
del temblor de esta piragua.
Guarda su voz de la fragua
que tanta muerte nos lega.
Dios es un niño que juega
con barquitos en el agua.

©2008 Mariana Pérez y Museo de Artes Decorativas. Santa Clara. Villa Clara. Cuba. Contactos Museo: Tel. (53) (42) 20 5368

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