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LIANY ESCUCHANDO EL RUMOR DE LAS ABEJAS
Por: Mariana Enriqueta Pérez Pérez

A veces me resulta muy difícil atrapar la sustancia, la atmósfera, de lo poético desde una visión académica o crítica. Tal me sucede con El rumor de las abejas, en donde Liany Vento interactúa nada menos que con Pablo Neruda, ese enorme poeta que ha trascendido las fronteras de Chile y América hacia la universalidad.

En un primer momento, y con el fin de presentar el cuaderno (premio «Hermeides Pompa» en Ala Décima 2013) en la tertulia, solo pude hacerlo —y tal vez fue lo mejor— a través de otro poema («Abejas, murmullos… Desde Liany con Neruda»), pero ahora se trata de resumir en breves líneas la evidencia de cómo ella logró insertar el espíritu del chileno en solo nueve décimas endecasílabas. Es importante advertir que casi siempre esta poetisa trabaja la décima en versos de esa medida, y muy bien, con lo cual eleva a la estrofa al rango de «arte mayor». 

La protagonista se adentra en una conversación —sin respuestas— con Neruda, y su obra, como interlocutor, la cual inicia confesándole una decisión: Apagaré la lumbre de esta casa; después hablará de sus dudas, recelos, y falta de fe, para continuar —en la segunda estrofa— interrogando (o interrogándose). La tercera décima se abre con un verso de aquel para seguir con la indagación.

Es apreciable la simbiosis de la protagonista poemática con el autor invocado, ella siente cómo sus recuerdos van hacia los versos de Neruda para luego regresar: Un recuerdo de mí llegó en tus versos. Y otro ejemplo, más completo, indica cómo ha buscado en la poesía del chileno su canto y su grito propios: «Cuánto camino he de cantar, Neruda, / cuántas voces me busco para el grito./ Hacia dónde mi llanto precipito / y dónde esta la mano que me ayuda» / Así cantaba con tu voz aguda […] Por último, ya cansada, ruega al poeta, le pide ayuda para alcanzar la libertad creadora: Llévame junto a ti, libre de rejas / que condenan mi mano a la derrota, / llévame junto a ti y a donde brota / y habita el gran rumor de las abejas.

Liany Vento (a través del sujeto lírico) acude a la luz y a la sombra —tópicos recurrentes en la literatura— para reflejar matices anímicos, unas veces pretende apagar la luz, otras encenderla; también, al espacio de la ventana para proyectar la visión hacia la distancia donde, se supone, se encuentra su poeta amado. El tiempo y los relojes son otra presencia en la cual se afinca para «contarle» a su interlocutor los silencios dolorosos que la perturban.

Hay muchas otras esencias en estas décimas que no es posible —ya lo dije antes— apresar, y expresar, cuando el objetivo no es un ensayo erudito. Solo pretendo una guía breve para el lector; me restan algunos apuntes que expondré a continuación.

En lo formal, lo más notable es el dinamismo, la fluidez, que  logra la autora a partir de distintas formas de repetición como, por ejemplo, cuando ritera el vocativo: Neruda, si me dices la primera; Neruda mío, se me ha vuelto escasa; ¿Eres tú, mi Neruda?; De sonido, Neruda; No le temas, Neruda, a mi figura, etcétera. Otra variante es la anáfora, que en ocasiones se extiende a versos completos: Apagaré la lumbre de esta casa (aparece dos veces en una misma estrofa), o inicia una serie de versos. También utiliza el polipote o poliptoton,  consistente en repetir  la parte invariable de una  palabra (lexema) sustituyendo una de sus partes gramaticalmente variable (morfema), en este caso un verbo: «abriste» (pretérito del indicativo) y «abierta» (participio pasivo): ¿Abriste una ventana o son mis dudas? / ¿Abriste una ventana o ya no veo? / ¿Abriste una ventana es lo que leo? / […] ¿La ventana está abierta? […] Y, por supuesto, como en toda buena poesía, el empleo de metáforas y símiles: Quién calmará mi aliento de serpiente; Del corazón cayendo cual calucha¿Son las certezas como los relojes?
Finalmente, siento que en mi poema resumí lo que aportó a mi espíritu la lectura del cuaderno, espero que otros hagan también su lectura personal.

Santa Clara, 11 de mayo de 2013

abeja

El rumor de las abejas

Para Neruda y con él

1
Apagaré la lumbre de esta casa,
Neruda mío, que esconderme anhelo.
Dudo de todos, casi soy recelo.
Apagaré la lumbre de esta casa.
Neruda mío, se me ha vuelto escasa
M fe por las paredes de la acera.
Neruda, si me dices la primera
de todas las palabras que no alcanzo
encenderé la luz en mi remanso.
Recelo es todo. Callas. Soy la fiera.

¿Abriste una ventana o son mis dudas?
¿Abriste una ventana o ya no veo?
¿Abriste una ventana es lo que leo?
¿Abriste una ventana o son mis dudas?
¿Estás? No escucho. Cuando ya no acudas
Quién calmará mi aliento de serpiente.
¿Eres tú, mi Neruda? ¿O es la gente?
¿La ventana está abierta? Ausculto pasos,
desconocidas huellas, negros trazos
de sonido, Neruda. Estoy caliente.

Se sabe que un reloj es la hermosura
¿dónde están mis preciosas manecillas?
He sentido el roer de las ardillas.
He sentido el sabor de la locura.
No le temas, Neruda, a mi figura
encorvada cual tímida inocencia.
Solo tejo preguntas, no es demencia.
¿Son las certezas como los relojes?
Al silencio me lanzas. No me arrojes
al poco tiempo. Callas. Soy clemencia.

2
Un recuerdo de mí llegó en tus versos,
Neruda que llegaste con las olas.
Botellas verdes, montón de caracolas
deformes, viles como los perversos.
Una vuelta y descubro dos reversos
de mí misma que tiemblo ante el error.
Yo caminaba huyendo al desamor
pero al nacer te tocan dos palabras.
Vida y muerte resultan tan macabras
para el justo, tan justo: perdedor.

Contarlo todo con ternura quiero,
la ternura en el llanto del nacer.
Quiero contarlo todo, no correr
como si huyese del sepulturero.
Pero ¿quién me devuelve lo primero
que fui antes de besar todo el lirismo?
¡Quién rompiera su rojo mecanismo!
Nada es simple, Neruda, en la alborada.
Me convenció de mucho que ahora es nada
me dio lo diferente, que es lo mismo.

Culpables son las torres de la loma
y los libros, Neruda, que escribiste.
Lo incrédulo del alma, se resiste
a aguantar su cabeza, va y la asoma.
Descubre sobre el suelo la paloma
y en la rama los versos de quien lucha
por perderse en el bosque sin capucha,
con los brazos batiendo el aire, un canto.
Lo tumba la ventisca, y el espanto
del corazón cayendo cual calucha. 

INVITADOS (36)
LIANY VENTO GARCÍA
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FICHA CURRICULAR
Liany Vento García (Santa Clara, 1982). Narradora, poeta y promotora cultural. Miembro de la Asociación Hermanos Saíz. Lic. en Español y Literatura por la Universidad Pedagógica «Félix Varela». Graduada del Décimo curso del Centro de Formación Literaria «Onelio Jorge Cardoso», 2008. Especialista literaria de la Casa de Cultura «Juan Marinello» y librera (junto a Lorenzo Lunar Cardedo) de «La Piedra Lunar».
Obra publicada: Close up, cuento (Editorial Sed de Belleza, 2010). Textos suyos aparecen en la antología de cuentos Todo un cortejo caprichoso (2012) y en las revistas El mar y la montaña, videncia, Guamo, Umbral y el suplemento El tintero. Reconocimientos en cuento: «Fotuto» 2007 (Premio), Debate provincial de talleres literarios (Premio, 2008), «Casa tomada» (mención, 2009), Premio nacional «Pinos nuevos» (2012), Premio nacional «Celestino» (2013). Reconocimientos en poesía: Premio nacional de poesía «Ciudad del Che» 2011. Premio en décimas para el amor «Hermeides Pompa» del Concurso nacional Ala Décima (2013).
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Fotos: Mariana

3
Aquí no basta con deseos raros
de querer ablandar lo que nos muelen.
Ni fingir bien la paz mientras se duelen
muy dentro de uno, sentimientos caros.
No me bastó y huí de los disparos
a una casa de rejas insulares,
mas la noche llegó con los palmares.
Y la brisa se fue. Llegó el silencio.
Empuño la esperanza y me sentencio
para encontrar la luz, los palomares.

«Cuánto camino he de cantar, Neruda,
cuántas voces me busco para el grito.
Hacia dónde mi llanto precipito
y dónde está la mano que me ayuda»
Así cantaba con tu voz aguda,
mas quién inventaría la mudez
el tiempo que se acaba, su acidez
y quién pudo inventar el bosque rojo.
«Quién me aguanta la fe, quién el arrojo
que se me escapa como en agua el pez»

Entrego todo a la genial ventisca.
Callaré como calla mi murmullo
cansado de evitar al Perogrullo
que se mete en mi pecho, lo pellizca.
No recibo, Neruda, ni una pizca
de aire nuevo, recibo solo quejas.
Llévame junto a ti, libre de rejas
que condenan mi mano a la derrota,
Llévame junto a ti y a donde brota
y habita el gran rumor de las abejas.

©2008 Mariana Pérez y Museo de Artes Decorativas. Santa Clara. Villa Clara. Cuba. Contactos Museo: Tel. (53) (42) 20 5368 Anterior ...... Siguiente