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Catálogo rimado
Año 6 - Nº 63, 16 de noviembre de 2012

DÉCIMA ESCRITA
AUTORRETRATO CON MARINA
Lorenzo Lunar Cardedo

Dibujo un rostro, se afina
la seda de mi pincel.
¿Es mi rostro el rostro aquel?
¿Es mi rostro una marina?
En la ceja se adivina
La curvatura del pez
Esta es la boca, tal vez
lleva el sonido del mar.
Ojos de mucho mirar.
Arrugas sobre mi tez.

Mis manos dibujan playas
caracoles y ensenadas.
Caletas desarboladas.
Un breve monte de bayas.
Un rostro de arrugas: rayas
curtidas con sol y sal.
La textura del coral.
Este es mi rostro que intenta
salvarse de una tormenta
en el azul abismal.

ROMAÑACH
Eloísa Font Ortega
Un mágico claroscuro
predomina en su pincel
al pintar el cuadro aquel
de dibujante maduro
que supo romper el muro
del arte tradicional
y la pintura formal.
Cultivó el impresionismo;
es obra de patetismo
su autorretrato ideal.

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EL AUTORRETRATO

Por: Mariana Enriqueta Pérez Pérez
Jamás cuando trabajo pienso
en la utilidad que pueda proporcionarme.
Pinto para satisfacer
una necesidad de mi espíritu.

LEOPOLDO ROMAÑACH

Ese hombre que mira al suelo
sacando un quejido, un brote,
tiene algo en el bigote
que me recuerda a mi abuelo.
Canas avientan su pelo.
Rostro tibio por la entrada.
Señal de una pincelada
que prolonga su retrato
a la camisa y lo grato
de la riqueza primada.

Niño de Sierra Morena
y de Caibarién, su mano
extiende por lo cubano
en la miseria y la pena.
La luz repone en su vena
ternura de hondo patricio.
Orfandad, llanto, desquicio,
no atinan fe en el pintor
que, derramando color,
jamás piensa en beneficio.

DOS DÉCIMAS A COLOR PARA ROMAÑACH

Con tonos patrios pintaré
mis rimas para el maestro.
Por: Mérida Canto Alba

Profesor de Colorido
cuando de París regresa,
cambiando esquemas expresa
su estilo reconocido.
Aportándole sentido
a la expresión de sí mismo,
y con todo el virtuosismo
estético y conductual,
logró su cuadro final
que tituló «Impresionismo»

Un pincel de Villa Clara
y el sol de Sierra Morena
acomodaron la escena
donde Romañach pintara
a su manera y dejara,
como cláusula en contrato,
en conocido formato
la obra y, por su caudal,
en un marco maternal
se acuna su «Autorretrato».

VOCES NUEVAS

PINCELADAS

Por: Pablo Enrique Brito Almanza

Volátil claridad acrisolada
pinceladas sublimes, donde el mito
hace surgir la luz de hito en hito
y las tinieblas quedan en la nada.
Veraz imitación de la alborada,
carisma, imagen, rostro timorato;
sutil figuración de lo barato,
del toque del barniz y la acuarela.
Siluetas que prescinden de la escuela
cuando el arte parió el autorretrato.

leopoldo_romanach

Leopoldo Romañach Guillén en el Museo de Artes Decorativas de Santa Clara
Por: Jesús Llorens León

Nació en Sierra Morena, costa norte de Villa Clara, el 7 de octubre de 1862 (la fecha varia según las distintas fuentes, aunque esta es la más aceptada, 1869, 1870, etc.). Hijo de el catalán Baudilio Romañach y de la cubana Isabel Guillén Rodríguez. A los cinco años queda huérfano de madre y es llevado a vivir con un tío paterno a España, donde hizo sus primeros estudios. Luego estudió comercio en Barcelona. A los 14 o 15 años regresa a Cuba, trabaja en la tienda de su padre en Vega de Palma y poco después es enviado a estudiar inglés y comercio en Nueva York, durante seis meses; se dice que allí comienza su interés por las artes plásticas, al visitar museos y galerías de arte. Regresa a Cuba al poco tiempo, se establece en Caibarién, donde pinta retratos al carbón y al crayón. En 1885 realiza un curso de Colorido en San Alejandro, y obtiene matricula de honor por sus excelentes notas; fue alumno de Miguel Melero.
Luego regresa a Caibarién y Francisco Ducassi lo anima a seguir estudios de arte. La diputación de Santa Clara, con ayuda de unos amigos, le concede una beca en la escuela de Bellas Artes de Roma por 5 años, donde tuvo como profesores, entre otros, a Enrique Serra, Francisco Pradilla y Filippo Prosperi (director de la escuela). Allí realiza dos de sus mas conocidas obras, «Nido de miserias» y «La Convaleciente» (perdida en un naufragio al regresar de la exposición universal de San Luis, USA, en 1904, donde había obtenido medalla de oro). Por esa época expone en la ciudad alemana de Münich, algo de mucha reputación por la época, invitado por José Benlliure. En 1895, al estallar la guerra de Independencia, el gobierno español le suspende la beca en Roma, pero con ayuda de Marta Abreu se traslada a Nueva York, donde abre un estudio. Allí se relaciona con Martí, Gonzalo de Quesada, Méndez Capote, y la propia Marta Abreu. De regreso a Cuba consigue la cátedra de Colorido en San Alejandro, donde tuvo como alumnos a Esteban Valderrama, Ramón Loy y Amelia Peláez, entre otros. Maestro comprensivo y tolerante, su primer empeño como profesor fue libertar la enseñanza de las artes de los rigores académicos que sufrían, y se considera que su trabajo en la escuela creó las condiciones para que se desarrollara luego la vanguardia pictórica cubana.
Viaja a París para estudiar el impresionismo, que luego aplicaría para cambiar los esquemas tradicionales de la enseñanza académica de las artes.
En su primera etapa de producción hay una tendencia hacia el patetismo temático, influenciado por el momento histórico social, que comprende obras como «La Convaleciente», «Nido de Miserias», «La Abandonada», «La Promesa», «Viejo fumando», «Vendedora de naranjas», y otras. En su segundo período, quizás a partir de 1907, marcado por una paleta más brillante, se ven los nuevos avances de su técnica pictórica influenciada por el impresionismo y la tricromía primaria (rojo, amarillo y azul), con la que se empeñaba en reproducir con exactitud los colores de los objetos. De esta época son: «La vuelta al trabajo», «La muchacha del abanico», «La promesa», «La echadora de cartas», y «El ex voto», donde no une o mezcla los colores en la paleta sino que los coloca sobre la tela, uno al lado del otro, para lograr tintas de mayor riqueza cromática, hecho que lo define como un colorista sublime y constante. En su tercera época abandona los temas patéticos y desarrolla obras de carácter más risueño, atrevido y experimental como cabezas, alegorías, desnudos, campesinos, modelos, y su ultimo cuadro, «Impresionismo», con lo que alcanza su plena madurez artística. Poseía un contundente arsenal técnico y trabajaba continuamente en la experimentación con diversas tendencias artísticas.
Logró muchísimos premios y otros galardones, como medalla de bronce en la exposición universal de París en 1900 («La convaleciente»). Medalla de oro en la exposición de San Louis, en 1904, por el conjunto de siete obras presentado. Medalla de plata en la exposición de Búfalo, en 1904. Medalla de oro en la expo de Charleston y gran premio en la exposición de La Habana, en 1912. Medalla de oro en la expo Panamá-Pacifico, en San Francisco, USA, en 1915 y en la expo Iberoamericana de Sevilla en 1929.

En 1918 pintó «Las Artes» y «Las Ciencias», una alegoría para el techo del Palacio Presidencial de Cuba y en 1924, la Liga de las Naciones lo designó para presidir las investigaciones artísticas y el desarrollo del arte en Cuba. De 1934 a 1935 fue director de la Academia de San Alejandro, donde realizó importantes innovaciones pedagógicas y creó la Escuela Anexa de Artes Plásticas. También obtuvo los títulos de miembro del Círculo Artístico Internacional de Roma, de La Academia Nacional de Artes y Letras de Cuba, la Cruz de la Orden Carlos Manuel de Céspedes, y profesor emérito de la Academia de Bellas Artes de San Alejandro, y la Asociación Nacional de Pintores y Escultores de La Habana.

A principios del siglo XX fue considerado como uno de los mejores pintores americanos de su tiempo, y el principal innovador de la plástica cubana. Actuó contra los criterios establecidos y trabajó con gran pericia y libertad poética. Es considerado uno de los creadores del paisaje cubano por excelencia, atendiendo a sus características de flora, colorido, y luminosidad ...(Continúa)

CARACTERÍSTICAS DE LA PIEZA

TÍTULO: «Autorretrato»

MATERIAL: Óleo sobre tela. Marco de sabor kitsch.

FECHA PROBABLE: entre el final de la década de 1940 y 1951, por la apariencia senil del retrato (hombre viejo, semicalvo, canoso, bigotes blanquecinos, espejuelos).

PROCEDENCIA: Transferencia del Registro Nacional de Bienes Culturales. Perteneció a una coleccionista de La Habana.

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Se plantea que con él concluye la etapa colonial en la pintura de Cuba y se inicia la republicana, siendo uno de los forjadores de la conciencia artística cubana. Eduardo Abela, su alumno, planteó: «de él aprendimos, más que los conocimientos técnicos para saber pintar las formas exteriores o convencionales de las cosas, el alma de las mismas, la fuerza íntima que anima los objetos al relacionarlos con el ambiente que los rodea». Murió el 8 de septiembre de 1951, en La Habana.

Otras piezas suyas en el Museo son:

PAISAJE (rural)
Óleo/tela
Dim: debió ser algo mayor, pues superficie pintada dobla bordes del bastidor.
Firma: L. Romañah, esq. Sup. Izq. (en el borde inferior izq. Parece asomar otra firma poco visible, pero con la misma ortografía).
Predominan las gamas de colores terrosos, también verdes, azules, amarillos y el blanco.
Compra a Zacarías Basterra de La Habana, en 1984.
Perteneció al vicepresidente de la Republica durante el gobierno de Grau San Martín, Raúl de Cárdenas.
Marco escayolado y patinado en oro viejo, con cuño seco “Hecho en Cuba. Ángel M. García”. Y otro a tinta: “Ángel M. García. Marcos…”

MUCHACHA ABANICO
Óleo/tela
Compra a Zacarías Basterra de La Habana.
Perteneció al vicepresidente de la Republica durante el gobierno de Grau San Martín, Raúl de Cárdenas.
Dorso: Marbete de papel (hoy desaparecido): “Colección de Fabio… de Jiménez”.

DESPUES DE LA TORMENTA
Marina. Óleo/tela
Dorso: Papel escrito a maquina: “Después de … enta. Colección Gustavo y Hortensia”.
Compra a Zacarías Basterra de La Habana.

PAISAJE EN TORMENTA
Óleo/cartón
Firma: esq. Sup. Izq.: de difícil lectura (avalada por el Reg. Nac. De Bienes Cult.)
Pint. A la prima de fuerte influencia impresionista.
Adquirida en 1990.
Compra a Gladis del Carmen Rodríguez Villamar, de Sta. Clara.
Dorso: sello de papel: “La Casa de los cuadros. Antigua Martorelli. Águila 506 esquina San José, Habana”.

 

UNA FOTO JUNTO A ROMAÑACH
Por: Irina Ojeda Becerra

Asomada a tu retrato
escucho el remo en la ola.
Vuela un pez... su sal. Tremola
mi blusa que no desato.
La mirada es desacato
sutil para tu pincel.
Cuánta luz tras un vergel.
Blanda poso junto al río,
losa negra en ese estío.
Fulgura el óleo: la piel.

Entre las cañas la brisa,
un roce pueril, dulzor.
Me abandono a ese temblor.
Sobre un piano se desliza
la manta roja, sin prisa.
Bajo el relente tus aves,
quietas, oscuras, dos naves:
Tus ojos, ¡qué fino trazo!;
añoran tintes... ocaso
de otras barcas, voces suaves.

Es un silbido la espuma,
caricia que baja, vuelve
por el cuello y se disuelve
en los cantiles la bruma.
Escucho a Dios mientras fuma
un pescador en su manta.
¡Los anhelos de una infanta !
Llovizna, perfume, paño.
Inalcansables. ¡Qué extraño!,
alguien se oculta. Me canta.

Foto: Jesús Llorens León
Edición y diseño: Mariana E. Pérez

©2008 Mariana Pérez y Museo de Artes Decorativas. Santa Clara. Villa Clara. Cuba. Contactos Museo: Tel. (53) (42) 20 5368 Anterior ...... Siguiente